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El índice de aprobación del gobernador Wes Moore ha caído en picado hasta un mínimo histórico del 48%, según una encuesta reciente de la UMBC, lo que marca un cambio significativo en el panorama político de Maryland. Los votantes están cada vez más frustrados por una combinación de aumentos agresivos de impuestos, el empeoramiento de la crisis de las facturas de energía y lo que se percibe como una mala gestión fiscal. Los informes indican que la administración ha agotado un superávit presupuestario de 5.000 millones de dólares que se mantenía anteriormente, lo que ha provocado un deterioro de las perspectivas fiscales y un aumento significativo del gasto estatal. Esta rápida transición de superávit a déficit ha despertado preocupaciones sobre la estabilidad a largo plazo de los bonos municipales y la calificación crediticia de Maryland. Además, el aumento de los costes de los servicios públicos está ejerciendo una presión sustancial sobre el gasto discrecional de los consumidores y las acciones de las empresas de servicios públicos regionales como Exelon (EXC). Los analistas sugieren que la trayectoria actual refleja el creciente descontento público con el rumbo fiscal del estado y su impacto en el coste de la vida.
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