Informes de inteligencia han revelado preparativos militares daneses sin precedentes a principios de 2026 ante una posible confrontación con los Estados Unidos por Groenlandia. Los planes de contingencia incluyeron el despliegue de explosivos para destruir pistas de aterrizaje clave en Nuuk y Kangerlussuaq, con el fin de evitar aterrizajes militares estadounidenses en caso de una invasión. Además, se informa que Copenhague transportó suministros de sangre a la isla para atender a posibles víctimas en escenarios de combate directo con las fuerzas de EE. UU. Francia y Alemania proporcionaron inteligencia y apoyo en la planificación militar para ayudar a Dinamarca a desarrollar estas defensas contra un aliado de la OTAN. La crisis se intensificó tras los renovados y contundentes esfuerzos del presidente Donald Trump por adquirir el control del territorio, lo que Dinamarca consideró una grave amenaza a su soberanía. Esta revelación de una fricción extrema dentro de la alianza ha introducido un riesgo geopolítico significativo, lastrando los activos europeos y la corona danesa.
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