La industria vitivinícola argentina atraviesa su crisis más severa en 15 años, impulsada por un colapso drástico en el consumo interno. Datos recientes indican que el consumo de vino per cápita se ha desplomado desde un máximo histórico de 90 litros anuales a tan solo 15 litros. Esta fuerte caída ha forzado el cierre de aproximadamente 1,100 viñedos en todo el país, lo que señala una contracción masiva en el sector agrícola. Las dificultades de la industria se ven agravadas por la inestabilidad macroeconómica general de Argentina y la hiperinflación, que han erosionado severamente el poder adquisitivo de los consumidores. Más allá de los factores económicos, los cambios en los hábitos de consumo también están contribuyendo al declive a largo plazo de este sector que alguna vez fue dominante. Los analistas advierten que la persistente crisis en la industria del vino refleja problemas sistémicos más profundos dentro de la economía argentina y la moneda local, el ARS.
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