El Estrecho de Ormuz ha registrado una paralización casi total del tráfico de petroleros desde el 9 de marzo, tras los ataques iraníes contra la infraestructura energética regional. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha calificado esta interrupción como la más significativa en la historia del mercado petrolero mundial. En respuesta, Saudi Aramco está operando su oleoducto Este-Oeste hacia Yanbu a su máxima capacidad para mitigar la pérdida, aunque este solo cubre 3 millones de barriles diarios de los 21 millones habituales. La crisis ha provocado que los precios del combustible marino (VLSFO) y del combustible para aviación se dupliquen en comparación con los promedios de principios de 2024. Este evento de "cisne negro" está ejerciendo una inmensa presión sobre las cadenas de suministro globales y el sector de la aviación, lo que conlleva un aumento de los riesgos inflacionarios. Los analistas advierten que el cierre prolongado de esta arteria marítima vital podría tener consecuencias catastróficas para la economía global.
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