La escalada del conflicto en Irán ha desencadenado un choque energético significativo, impulsando un fuerte repunte en los precios mundiales del petróleo y en las expectativas de inflación. Estas presiones derivadas de la energía se están propagando rápidamente a través de los mercados de bonos, provocando el aumento de los rendimientos soberanos, como el US10Y, al tiempo que tensionan los equilibrios fiscales. Los bancos centrales globales se ven actualmente obligados a adoptar una postura defensiva, luchando por mantener el control sobre la política monetaria en medio de acontecimientos geopolíticos impredecibles. Los analistas sugieren que el aumento de los costes energéticos amenaza con socavar los esfuerzos de fijación de objetivos de inflación, lo que podría obligar a los responsables de las políticas a mantener tipos de interés más altos durante más tiempo. Este entorno ha incrementado la volatilidad en los mercados de renta variable, representados por el SPY, al tiempo que ha impulsado la demanda de activos refugio como el oro (XAU/USD). Los participantes del mercado siguen siendo muy sensibles a la evolución del panorama geopolítico y a sus implicaciones más amplias para las cadenas de suministro globales y los pares de divisas como el EUR/USD.
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