Volkswagen ha presentado un ambicioso programa global de reducción de costes con el objetivo de recortar los gastos en un 20% para finales de 2028 y combatir así el agravamiento de su crisis financiera. La medida se produce tras una fuerte caída del 48% en el beneficio operativo (EBIT), que descendió hasta aproximadamente 9.900 millones de euros durante los tres primeros trimestres del año. Como parte de estas medidas de austeridad, el fabricante de automóviles prevé eliminar 35.000 puestos de trabajo solo en Alemania para 2030 con el fin de estabilizar su posición financiera. El flujo de caja libre de la compañía también sufrió un colapso drástico del 90%, situándose en 514 millones de euros, lo que limita severamente su capacidad para futuras inversiones estratégicas y de I+D. Esta crisis se ve alimentada por los elevados costes de la transición energética, las estrictas regulaciones de la UE y la intensificación de la competencia por parte de los fabricantes chinos y estadounidenses. La reestructuración pone de manifiesto importantes debilidades estructurales dentro del sector industrial alemán, lo que lastra con fuerza el índice DAX y el sentimiento general de los inversores.
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