Los datos económicos recientes indican una desaceleración en la actividad del sector privado de EE. UU. para febrero de 2026. La ralentización se atribuye en gran medida al aumento de los costes operativos para las empresas tras la implementación de nuevos aranceles. Por el contrario, la actividad económica europea se expandió a un ritmo más rápido de lo previsto durante el mismo periodo. El crecimiento de Europa fue impulsado principalmente por un repunte significativo en su sector industrial, lo que señala una recuperación cíclica robusta. Se espera que esta divergencia en el impulso económico ejerza una presión al alza sobre el euro frente al dólar estadounidense. Los analistas de mercado sugieren que estas tendencias podrían favorecer a la renta variable europea frente a su homóloga estadounidense a corto plazo.
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