Los mercados de metales preciosos fueron testigos de una volatilidad sin precedentes, ya que el oro y la plata experimentaron un masivo techo parabólico seguido de un colapso rápido. El oro alcanzó un máximo histórico cerca de los 5.600 dólares por onza antes de sufrir una asombrosa caída del 16% en un solo día, situándose en los 4.680 dólares. De manera similar, la plata superó la marca de los 121 dólares, solo para perder el 40% de su valor en cuestión de horas, lo que indica un agotamiento total de los compradores. El impulso bajista persistió hasta el lunes siguiente, con los precios del oro retrocediendo aún más hacia el nivel de los 4.400 dólares. Los analistas sugieren que esta violenta reversión representa un evento de liquidez histórico que ha causado un daño técnico significativo a la tendencia alcista a largo plazo. Esta acción del mercado refleja el colapso de 2011, pero a una escala mucho mayor, dejando a los inversores institucionales y minoristas conmocionados por el repentino cambio.
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