China se enfrenta a un posible periodo de estancamiento económico a medida que su modelo de crecimiento se vuelve cada vez más dependiente de la deuda pública para compensar los desafíos estructurales. La deuda del sector no financiero de la nación ascendió a aproximadamente el 285% del PIB en 2023, un salto significativo desde el 120% registrado en el año 2000. Las proyecciones de la Academia China de Ciencias Sociales sugieren que el ratio de apalancamiento macroeconómico podría superar el 302% para 2025, lo que subraya la intensificación de las presiones fiscales. A pesar de los agresivos recortes de las tasas de interés y las medidas de flexibilización financiera, la demanda de crédito privado sigue sin reaccionar, lo que señala una desconexión entre la política y la economía real. El cambio estructural para mantener un objetivo de crecimiento del PIB del 5% requiere ahora niveles de deuda significativamente más altos para obtener rendimientos marginales decrecientes en el crecimiento. Estos acontecimientos plantean una perspectiva bajista para el yuan y las acciones chinas, al tiempo que lastran a las monedas vinculadas a las materias primas, como el dólar australiano.
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