El índice Nikkei 225 se disparó más de un 4,0% hasta alcanzar máximos históricos sin precedentes, impulsado por la nueva estabilidad política tras la elección de la Primera Ministra Sanae Takaichi. Goldman Sachs ha mantenido su calificación de "sobreponderar" para las acciones japonesas, situando a esta clase de activo en lo más alto de su lista de convicción global hasta 2026. Esta perspectiva alcista está sustentada por mejoras estructurales significativas en el gobierno corporativo y un aumento en los programas masivos de recompra de acciones. Los analistas destacan la agenda "Sanaenomics", centrada en la expansión fiscal, como un catalizador principal para el crecimiento económico sostenido y la confianza de los inversores. La combinación de sólidos beneficios corporativos y un mandato político claro crea un entorno sumamente favorable para nuevas ganancias en la renta variable. En consecuencia, el respaldo institucional sigue siendo sólido mientras Japón continúa implementando reformas destinadas a mejorar la rentabilidad para los accionistas.
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